Salma Hayek se cansa de esperar aprobación y se libera
Una mañana, Salma Hayek despertó agotada sin haber rodado nada. El cansancio venía de años esperando un sí, una mirada conforme. En la cocina, con el café humeante, se dio un pequeño permiso: dejar de buscar aprobación en cada gesto. Aceptó sus arrugas, sus pausas, sus dudas. Ese día caminó más despacio por el set, riendo por cosas mínimas. Y, casi sin notarlo, todo se volvió más ligero.
